domingo, 6 de abril de 2014

Piezas. (Vainilla y humo 8)




No hay ningún lugar en el que estés que no este destinado a tu presencia.

Julio



Él recuerda el día como si fuse ayer, con una nostalgia que le hierve la sangre y le entumece los dedos.

Ella había estado en su casa todas las noches. A veces compartían besos pero otras veces compartían secretos. Secretos a piezas que solo ahora podía juntar para entender los motivos detrás de sus acciones.

Él apenas podía recordar el motivo por el que habían discutido. ¿Había sido sobre ella? No era capaz de recordarlo y una parte de él se dio cuenta de que era porque no quería hacerlo. No quería pensar en la tristeza en sus gélidos ojos azules o en la forma en la que sus cejas se habían fruncido al gritarle.

Fue por un chico, él sabia eso. Habían ido al bar una noche y ella había querido irse a casa con un tío con el pelo rapado y pendientes.

Eric estaba borracho y le había gritado porque no quería que se fuese con ese chico, quería que se fuese con él. Él quería abrazarla y besarla y cuando ella le negó eso, él le dijo cosas que ella no había escuchado antes.


“Eres una maldita egoísta, Alaska.”

“¿No puedes hacer nada bien, Alaska?”

“Te mereces a alguien mejor que él, Alaska.”


Pero lo que Eric sabía era que ella merecía algo mejor que él.

No quería recordar como de frio había sido o en la sinceridad tras sus palabras. Él creyó que había sido la primera vez que alguien había tratado de poner a la descuidada chica en su lugar.

No quería recordar como había palpitado fuerte su corazón contra sus costillas al entrar en ese baño para encontrar a esa chica tendida sobre el amarillento suelo de baldosas.

Calmantes, pensó en algún lugar en el fondo de su cabeza. Era bastante coincidencia, en realidad.

Él era la razón por la que había tomado calmantes.













Time is a circus.
Always packing up and moving away.


Annie.